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Reflexiones

Jesus, la mujer de flujo de sangre y la iglesia

Lucas 8:43-48 nos narra como una mujer que tenia un problema, una aflicción, una enfermedad, dice la Palabra de Dios que “padecía de flujo de sangre desde hacia doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenia, y por ninguno había podido ser curada”.

Pero al mismo tiempo el pasaje bíblico menciona que nuestro Señor se encontraba en medio de una multitud que le oprimía, lo apretaban. Pero debemos darnos cuenta que solo una mujer lo TOCO!.

Solo esta mujer busco acercarse por detrás y que pudo tocar el borde de su manto, era una mujer temerosa que permanecía oculta en la multitud, temblaba, pero se acerco al Maestro con valentía, con fe, con esperanza en su corazón, y con el deseo mas ferviente de tocar al menos el borde de su manto.

Por su fe fue sanada, salvada y tuvo paz!. Su recompensa de luchar por su bendición, de rodillas, sin importarle el mundo, la multitud, el que dirán, sola con su enfermedad se acerco a quien ella confiaba que le podía sanar, a Jesús.

Esa multitud representa la Iglesia!.

Aquella multitud es la iglesia, son las congregaciones, las grandes multitudes. Pero por un lado tenemos a los que van sin fe, solo a ver “que pasa”, son los curiosos que ven de lejos, pero que no se atreven a “tocar” el borde de su manto. Siguen a Jesús, pero sin comprometerse a seguirlo, a dejar padre, madre, hijos, sus tesoros en la tierra. Pero dicen seguirlo pero sin servirle, sin comprometerse a la santidad, diciendo “aun no estoy preparado”.

En la misma multitud están los que llegan a estar tan juntos de Jesús, que lo aprietan y están tan pegados a el; pero SIN TOCARLE. Son aquellos que se congregan, dicen aquí estoy junto a Jesús, pero porque quieren ser vistos por la multitud, que privilegio para ellos estar tan cerca, pero no le tocan realmente. No tienen sanidad, no son transformados, no son glorificados por Jesús. Por que? Porque no están dispuestos a tocar el borde de su manto, a arrodillarse a buscarlo en lo secreto con temor y temblor.donativo_paypal

 

Tenemos un tercer grupo, aquellos que están en la multitud pero están de lejos o muchas veces muy cerca de Jesús, pero están para juzgar sus actos, cuestionar sus movimientos, saben tanto la Ley que critican todo pero no lo aman, ni lo siguen por aprender de El. Aquellos eran los sacerdotes y fariseos, conocedores de la Ley pero no del amor de Dios. Asi mismo hay en la iglesia, aquellos que se sientan a criticar a los pastores, a los lideres, para juzgar, pero no mueven un dedo en su congregación, solo critican y critican, juzgan porque se creen que lo saben todo.

Pero también hay en las iglesias hermanos y hermanas como la mujer de flujo de sangre. Hermanos amados que buscan de Dios, están dispuestos a arrodillarse en su lugar secreto, donde nadie los ve, sino solamente el Padre que esta en los cielos. Como aquella mujer, arrebatan el Reino de Dios con valentía, con obediencia y santidad, sabiendo que el galardón es grande en los cielos y por eso son transformados día a día, glorificados en público porque buscan a Dios en lo secreto, en lo oculto de sus habitaciones, mientras duermen ellos velan, oran, interceden y piden por hacer la voluntad del Padre aquí en la tierra.

Tu decides quien quieres ser de entre la multitud!

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